AVISO A NAVEGANTES

Categoría: Reflexiones
Enviado: 2014-10-15 09:15

Enviado: 2013-07-26

Ayer, día de Santiago, cuando me disponía a felicitar a mi yerno y a mi sobrino, la tragedia ocurrida con el descarrilamiento del Alvia se dejaba traslucir en mis palabras ya que no conseguía transmitir ninguna alegría a la celebración de su onomástica.
La conmoción producida por este accidente nos nubla la razón, porque nadie se explica como pudo producirse en pleno siglo XXI semejante catástrofe. Me he empapado de toda la información que emitían tanto cadenas de radio como de televisión, entrevistas con autoridades, políticos, supervivientes, familiares de victimas, ingenieros, técnicos ferroviarios, testigos del accidente y después de lamentar el dolor inmenso que nos invade tanto por las víctimas como por los heridos y sus familiares, he tenido un recuerdo para el maquinista de ese tren. ¿Corporativismo? Algunos lo entenderán así pero yo no trato de justificar su acción sino de entender su proceder.
Tras 38 años como piloto de aviación, 16 en el Ejército del Aire y 22 como piloto de Líneas Aéreas, he pasado por multitud de experiencias difíciles y en todo momento he sido consciente de que tanto la vida de mi tripulación como la de mis pasajeros estaba en mis manos y el peso de esa responsabilidad ha regido todos mis actos así como mi fe en Dios y en los fabricantes de los aviones que he volado.
Alguno de mis amigos en lugar de llamarme piloto me llamaban taxista aéreo o transportista creyendo que dañaban mi ego, cuando yo he tenido siempre un gran respeto por todas aquellos profesionales cuya vida pones en sus manos, llámese taxista, conductor de autobús, de metro, médico, capitán de barco o piloto de avión, al fin y al cabo, todos navegantes, por tierra mar y aire y en el caso de los médicos porque tienen que navegar a través del organismo humano.
Afortunadamente, tanto en el Ejército del Aire como en las Compañias Aviaco e Iberia en las que volé, jamás recibí presiones en el ejercicio de mi profesión y la seguridad siempre primó sobre la puntualidad o rentabilidad de la operación, cuestión que no todos los que operan en otras compañías pueden afirmar con tanta rotundidad.
En la mente de todos está la operación de algunas compañías de “low cost”, que han sido denunciadas internacionalmente sin que la opinión pública, manteniendo una actitud hipócrita a pesar de haber sufrido el abuso en cuanto a tarifas de equipaje, costes añadidos por la compra con tarjetas de crédito, adquisición de tarjetas de embarque, subvenciones por parte de administraciones locales y otras irregularidades, han arriesgado su seguridad en pro de la economía, como el que juega a la ruleta .
Nuestra red de alta velocidad es la envidia del mundo y el AVE está considerado como el tren más seguro debido a su tecnología y de ahí que se garanticen unas gratificaciones a los pasajeros en cuanto a puntualidad.
En el caso que nos ocupa no había penalización dado que se trataba de un Alvia, y su retraso era tan solo de 5 minutos lo que no era motivo para acelerar en su llegada, pero la tecnología actual que confía la seguridad a los automatismos, confieren una complacencia en los navegantes a los cuales, al menos en aviación, se les avisa que los automatismos no sustituyen al piloto, hay que contemplar sus limitaciones y en último caso tomar los mandos de la nave prescindiendo de automatismos, porque como toda maquinaria, incluyendo la humana, no están exentas de fallos a pesar de los sistemas redundantes.
En mi opinión y se que es arriesgada, mientras no se desvelen los datos de la caja negra, después de oír las declaraciones del maquinista, el fallo reside en su complacencia en que los automatismos resolvieran la situación que él tenía que haber resuelto, y en este caso, al menos yo así lo tenía asumido, hubiera preferido ser la primera víctima mortal antes que enfrentarme a mi conciencia el resto de mi vida.
En estas fechas en que se está dilucidando el caso del Capitán del Concordia, no puedo por menos que dar gracias a Dios por no encontrarme en la situación de ambos navegantes.
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LA FARSA DE LO POLITICAMENTE CORRECTO

Categoría: Reflexiones
Enviado: 2014-10-15 09:15

Enviado: 2012-03-26

Desconozco quien acuñaría esta frase, “lo políticamente correcto”, pero si tuviera que apostar por su autoría lo haría por un político, porque sólo a alguien perteneciente a este gremio se le podría ocurrir semejante falsedad.
Lo políticamente correcto es algo que se han inventado los próceres de la Patria, para justificar lo injustificable cuando racionalmente no hay otro tipo de respuesta.
Acabo de recibir la noticia de los resultados de las elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias. En la primera ha ganado el Partido Popular y en la segunda el Partido Socialista y sin embargo todos los sondeos apuntan a que en Andalucía volverán a gobernar los socialistas con el apoyo de Izquierda Unida y en Asturias FORO con el apoyo del PP o los populares con el apoyo de FORO; en cualquier caso se hurta la voluntad del pueblo. ¿No habíamos quedado en que la Democracia era la voluntad de la mayoría? Si no respetamos eso ¿cómo podemos presumir de demócratas? Claro está que quien hace la ley hace la trampa. ¿Dónde están los indignados que no se manifiestan contra estas irregularidades?
No entiendo como un partido se puede llamar Izquierda Unida cuando existe otro partido de izquierdas, el PSOE, que curiosamente reúne más votos por si solo que el resto de la izquierda; entendería que se llamaran Escisión de la Izquierda u Otra Izquierda, pero lo de unidas tan sólo se refleja y no en todos los casos, véase el ejemplo de Extremadura o en los tiempos en que Anguita (en mi opinión uno de los políticos más honrados de España por su consecuencia) lideraba ese partido, a la hora de pactar contra la derecha.
Otro tanto se podría decir de las elecciones de Asturias, donde una de las figuras del PP, antiguo secretario general de ese partido provoca una escisión del mismo para presentarse bajo las siglas de FORO dividiendo a los votantes no por una cuestión de principios sino simplemente por diferencias personales entre los líderes de ambos partidos y confundiendo a la ciudadanía.
¿Se imaginan ustedes que en la liga española de fútbol se siguieran las mismas pautas?
Permítanme que les haga un símil con lo que ocurriría si estas alianzas se llevaran a la liga de fútbol.
Echando un ojo a la clasificación, el Real Madrid a pesar de los recortes que últimamente le ha hecho el Barcelona no tendría de que preocuparse, puesto que por comunidades sumarían los del Atlético de Madrid (eso si después de negociar), los del Getafe y el Rayo Vallecano a los cuales premiarían con la cesión de jugadores. El Barça podría contar con el Español en las mismas condiciones que el Madrid con el Atleti, los de la Comunidad Valenciana, Levante Valencia y Villarreal, al igual que el Athletic Club de Bilbao con la Real Sociedad e incluso incorporarían al Osasuna. Así mismo, se unirían los andaluces con el Sevilla. Málaga, Betis y Granada. Los levantinos con el Valencia, Levante y Villarreal y por detrás como desgraciadamente coincide con la actual tabla se encontrarían, el Mallorca en tierra de nadie y el Racing de Santander, Sporting de Gijón y Zaragoza, que hagan lo que hagan lo único que les queda es el descenso .
Para que no tengan que hacer cuentas a día de hoy les confirmo que el ganador sería el Madrid con 192 escaños (traducido a puntos), seguido del Sevilla con 146, a continuación el Barcelona con 145 seguido por el Valencia con 122 y el Bilbao con 117 y en los últimos lugares de la tabla el Mallorca con 36 a los que le seguirían empatados a puntos el Racing de Santander, Sporting de Gijón y Zaragoza con 25.
¿Lo considerarían justo?
Seguro que un gran número de madrileños dirían que si porque además se corresponde con la realidad, pero al saber que el Barça había decidido apelar a los Països Catalans que incluyen a la Comunidad Valenciana, Cataluña e Islas Baleares y sumarían un total de 303 escaños, con lo cual sería el Barça sería campeón con diferencia ya no estarían tan conformes.
Conclusión: ¿Por qué si trasladamos los resultados electorales al fútbol nos sentimos engañados y permitimos la misma estafa en lo político?
La política tiene jueces y el deporte árbitros. Ambos ejercen funciones similares en sus respectivos ámbitos y a todos se les exige lo mismo, que hagan justicia.
Para hacer justicia ante todo hay que ser imparcial , caiga quien caiga y el partido de Izquierda Unida si se alinea con los tramposos de los ERES de Andalucía, con los desmanes del PSOE andaluz y con el resto de tropelías que han sido denunciadas públicamente por ese partido, como andaluz siento vergüenza y no merecen mi respeto al igual que no lo merece ni Jaume Matas por poner un ejemplo ni ninguno de los que abusando de la confianza del pueblo sean del signo que sean, hablen castellano, catalán, euskera, gallego o bable. Nacionalistas, monárquicos o republicanos pongan en entredicho el honor de los españoles.
Dejémonos de lo políticamente correcto y hablemos de lo deportivamente correcto: en cualquier deporte el vencedor es el que consigue más puntos o llega primero en la meta, sin distinción de sexo, edad, raza, religión o cualquier cortapisa que se le pueda poner.
Lo demás es trampa y a los tramposos tanto en el juego como en el resto de las actividades de nuestra vida hay que pagarles con el desprecio y exigir que la justicia los condene por su delito.
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ESPERPENTOS

Categoría: Reflexiones
Enviado: 2014-10-15 09:14

Enviado: 2011-08

Haciendo memoria de la gente rara que he conocido creo que el que se lleva la palma es Eugenio Cala Acosta.
Eugenio era de estatura más bien alta, aspecto desgarbado y semblante taciturno. Andaba arrastrando los pies, con los hombros inclinados hacia delante y la cabeza gacha como oteando el suelo para evitar cualquier relieve u obstáculo del terreno que le obligara a hacer el fatídico ejercicio de tener que levantar el pie para evitarlo. Si a esto unimos una total descoordinación de su braceo al andar, no es de extrañar que le llamaran “El Guiñol”, pues su porte era lo más parecido al de una marioneta.
Para colmo de males, a su extravagancia se sumaba la timidez, hasta el punto de que podías mantener una conversación con él como si se tratara de un mimo, ya que la mayoría de sus respuestas las hacía con gestos, bien moviendo la cabeza para asentir o negar elevando los hombros para indicar ignorancia sobre lo que le preguntabas, o escudriñando su mirada frunciendo el ceño para expresar agrado o desagrado.
Solía responder con monosílabos que podían considerarse simplemente como sonidos guturales.
Mantener una conversación con él se hacía tan difícil que con frecuencia su interlocutor le preguntaba si se había quedado mudo, provocando la pregunta en ese mismo instante un rubor en sus mejillas, como si le hubiera dado un golpe de sol.
Comenzaron a surgir ideas tratando de dar una explicación a su parquedad en palabras, surgiendo las versiones más peregrinas: unos decían que tenía la voz atiplada y por eso le daba vergüenza hablar, otros que si no sabía hablar nuestro idioma; alguno, más ocurrente, pensó que había sido durante años monje cartujo con voto de silencio y había olvidado hablar... la más común de las opiniones lo achacaba todo a su terrible timidez.
Dispuestos a salir de dudas se nos ocurrió que quizás, al no tener delante a su interlocutor, conseguiríamos que hablase. Nos encontrábamos en la cafetería tomando el desayuno, el camarero le advirtió con gestos que se dirigiera al locutorio porque le reclamaban al teléfono. Al llegar cerró la puerta de cristal que le mantendría aislado de ruidos, aunque no de nuestras miradas, y descolgó el teléfono.
--¿Don Eugenio Cala?
Asentimiento con la cabeza por parte de “El Guiñol”
--¿Don Eugenio Cala.- Volvió a preguntar su interlocutor.
Nuevo asentimiento de cabeza de “El Guiñol”
--Don Eugenio ¿me oye?
Nuevo asentimiento de cabeza esta vez más prolongado, como llamándole pesado.
--Don Eugenio, no se si es que no me oye o es que no puede hablar en este momento ¿quiere que le llame más tarde?
Movimiento negativo de cabeza de “El Guiñol”.
Cuelgue brusco del teléfono por parte de su interlocutor a juzgar por el gesto de Eugenio que colgó y volvió a la barra.
Cuando le preguntamos que quien le había llamado su respuesta fue:
Elevación de hombros y cejas en gesto simultáneo.
Agotada nuestra paciencia le instamos, en tono desafiante, a que nos explicara su actitud y si su silencio se debía a algún problema o era sencillamente una tomadura de pelo, porque de ser así había llevado la broma muy lejos y no estábamos dispuestos a consentirlo.
Sabido es que las reacciones de un tímido son las más inesperadas y ante el acorralamiento suelen responder con exabruptos. Totalmente ruborizado y con voz cortante pero sin elevar el tono nos respondió:
--Para decir tonterías, prefiero estar callado. Pagó su desayuno y se marchó dejándonos a todos con un palmo de narices.
Bueno, al menos sabíamos que no era mudo, sino parco en palabras. Por supuesto muy tímido y que solo hablaba de temas interesantes. ¿Existe algún tema más interesante para un hombre que el de las mujeres?
Dábamos por supuesto que, con su extrema timidez, las posibilidades de encontrar novia eran muy remotas, así que decidimos poner remedio a eso.
Primero nos granjeamos su amistad arropándole en todo momento e invitándole a participar en nuestras actividades: de tipo social, deportivas o culturales.
La verdad es que lo que se dice participar... no participaba mucho, pero al menos se mantenía como atento espectador y poco a poco conseguimos que incluso llegara a sonreír -jamás llegó a explotar en una carcajada- lo más parecido a eso fue cuando alguien contó un chiste, que a todos nos hizo desternillarnos de la risa, y él esbozó una amplia sonrisa llevando la cabeza atrás y cerrando los ojos pero sin proferir el más mínimo ruido: lo que podíamos llamar una carcajada seca o silenciosa.
Descartada la posibilidad de llevarle de "picos pardos", ante el temor de que en el "vis a vis" le entrara un ataque de pánico que acabara con nuestro progreso y la carrera de la meretriz por frustración, optamos por hacerle una campaña entre nuestras conocidas con la esperanza de que alguna de ellas se atreviera a implicarse en nuestro propósito de buscarle novia.
Lo primero fue elegir un slogan para la campaña y nos quedamos con dos finalistas:
“¡Quédatelo! No sabe decir no” y “¡Pon un tímido en tu cama e intenta quitarle el pijama!”.
Tras arduas discusiones optamos por el segundo: le daba un matiz de reto -lo cual descartaba a las tímidas y mojigatas: sería como intentar juntar dos imanes por idénticos polos- y atraería a las más desinhibidas que encajarían como un complemento perfecto.
Nuestra labor de "Celestina" no tardó en dar frutos: al poco tiempo apareció una psicóloga catalana, de buen ver, que colmó todas las expectativas de nuestro “Guiñol”,. Tal fue el cambio que experimentó que comenzamos a llamarle por su nombre, Eugenio, por "prescripción facultativa" de su reciente novia: Nuria Midad.
Ahora caminaba erguido del brazo de su pareja, vestía a la moda, se había dejado barba -porque según Nuria ello le supondría una coraza ante sus accesos de rubor que no lo delatarían ante los demás-, su semblante era de felicidad y su gesto se había tornado apacible.
El anuncio de su boda nos sorprendió a todos, de tal manera, que llegamos a sentirnos culpables por haberle abandonado en manos de una bruja, que con artes nigrománticas y psicológicas, había conseguido abducir a Eugenio hasta el punto de no dejarle tiempo para reflexionar sobre el paso que iba a dar.
Después de meditarlo mucho, decidimos expresarle nuestra preocupación por la rapidez con la que se habían desarrollado los acontecimientos, y expresarle que estas decisiones había que tomárselas con calma por su transcendencia.
Nos recibió exultante como jamás le habíamos visto. Vestido impecablemente con un traje azul marino, camisa blanca y corbata a rayas azul celeste y ros. Su barba cana le daba un aspecto honorabie. Confundidos por su exultante optimismo, no sabíamos como abordar la cuestión que nos había llevado hasta su casa. Nos escuchó atentamente y cuando quiso dar respuesta a nuestras preocupaciones no pudo evitar que el rubor aflorara a su tez al confesarnos que se casaba porque Nuria estaba embarazada.
Cuando salimos a la calle alguien dijo:
--¡Pobre criatura! No sabe lo que le espera.
--Pero, ¿es posible que ninguno se haya dado cuenta?
Gestos de sorpresa.
--Sus apellidos: Cala Midad. ¡Lo que tendrá que soportar ese niño!
Que le pongan los segundos apellidos. apunté.
--Estaríamos en la mismas: el padre se llama Cala Acosta y la madre Midad Del Pueblo. O una "calamidad" o un "parásito".
Me quedo con Acosta Del Pueblo y según nazca lo afiliamos a las juventudes de cualquier partido político, que con esos apellidos llega a Presidente. Seguro.
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VA DE MOTES, APODOS Y OTROS ALIAS

Categoría: Reflexiones
Enviado: 2014-10-15 09:14

Enviado: 2011-08-19

Siempre he tenido curiosidad por el origen de los motes, apodos, alias, sobrenombres o como queramos llamarles porque entre ellos descubres un mundo de imaginación impresionante.
En los pueblos esta costumbre está tan acendrada que a muchas familias se las identifica por el mote de alguno de sus antepasados, a pesar de que ellos no hayan heredado ninguna de las características que dieron origen al mismo e incluso en algunos casos el mote nos lleva a error.
Este es el caso de “Las Monas”: una familia con cinco hijas a cual más guapa, de donde cabría deducir que el mote les venía impuesto por su belleza. Nada más lejos de la realidad, el mote les viene de su abuela paterna, Conchita. Su aspecto era tan simiesco que la llamaban “Chita”, aunque ella jamás se dio por aludida y creía que la llamaban así por abreviar. La evolución de la especie hizo el milagro.
Otros colectivos donde se siguen manteniendo los motes es en los colegios, universidades y en la milicia.
Aquí encontramos ejemplos muy curiosos.
En primer lugar citaré a un profesor de química al que llamaban “El Antimonita”. A primera vista el mote puede parecer hasta simpático, pero si les digo que tal profesor era bizco, ya les estoy dando una pista y para aquellos de letras que no hayan estudiado química orgánica les diré que la antimonita es el nombre con el que se conoce al compuesto de trióxido de antimonio: Sb2O3. Literal y fonéticamente: “Ese ve 2 o 3”.
Recuerdo a otro profesor de Historia al que llamábamos “El Bikini”. Dicho profesor se enrollaba como las persianas: para explicar la batalla de Waterloo comenzaba a describir el aspecto físico de Napoleón, del cual más o menos teníamos la imagen de un señor bajito con un bicornio y con la mano metida en la guerrera para que no le quitaran el reloj, para luego proseguir con la figura de su esposa Josefina, de la cual relataba sus múltiples aventuras amorosas resumidas brevemente en siete palabras: “Josefina era más puta que las gallinas”. Nosotros nos preguntábamos: ¿Y esto que "coño" tiene que ver con Waterloo? En definitiva, podría ser un contertulio de cualquiera de los programas basura que tenemos en televisión, pero como profesor era un desastre de ahí su mote: “El Bikini” porque enseñaba todo… menos lo principal.
Al hijo, que siguió los pasos de su padre dedicándose a la enseñanza con las mismas carencias, le llamaban “El Topless”, porque enseñaba por encima sin ir al meollo de la cuestión.
Siguiendo con los colegios,en el CHOE (Colegio de Huerfanos de Oficiales del Ejército) conviviámos en régimen de internado los que preparábamos la oposición a las Academias Militares y como Colegio Mayor para los que estudiaban carreras Universitarias, dos grupos perfectamente definidos: "Los Virus" y "Los Chirimikis".
Era el curso 1969-1970, postrimerías del franquismo y las revueltas entre estudiantes organizadas por el SEU -Sindicato Español Universitario- y la Policía Nacional, los llamados "grises" por el color de su uniforme, eran bastante frecuentes.
El coronel director del colegio, hombre de mal genio y peor carácter, cuando tenían lugar estos enfrentamientos advertía a los universitarios que se mantuvieran al margen de tales altercados pues de lo contrario podría acarrear la expulsión del colegio en el caso de que alguno de ellos fuera detenido por la policía por su participación en los mismos. Según su criterio los universitarios que participaban en esas manifestaciones eran un auténtico virus para la sociedad a la que infectaba con sus provocaciones.
Nos hizo tanta gracia esta denominación que a partir de entonces en lugar de llamarles civiles, les llamamos "Los Virus".
Cuajó tanto el mote que los partidos de fútbol que solíamos jugar los fines de semana entre civiles y militares pasaron a llamarse de "Virus" contra "Militares", hasta que un día vimos que en el cartel donde se anunciaba el partido habían tachado la palabra "Militares" y la habían sustituido por la de "Chirimikis".
Los "Chirimikis" on unos bichitos que les salen a los virus en los cojones, dijeron.
La verdad es que no nos extrañó que estuvieran de nuestras chanzas hasta los mismísimos y, como correspondía a nuestra caballerosidad ,aceptamos el apelativo sin más.

Otra fuente de motes al margen de taras o profesiones son los apellidos.

Cela en su día se dedicó a recopilar esquelas curiosas como la de aquella señora que se llamaba Dolores Fuertes de Barriga. Ignoramos si a la tal señora la llamarían simplemente Lola, porque de haber estado en el Ejército como mínimo la llamarían “La Apendicitis”.
Atendiendo a este apartado de los apellidos recuerdo el de un Coronel del Ejército del Aire: Jorge Pequeño de Fe, conocido como “El Ateo”.
En homenaje a su hijo, compañero mío de promoción y tristemente fallecido, os referiré una anécdota de su padre.
Destinado en el Cuartel General del Ejército del Aire llama al despacho de un compañero:
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“Buenos días ¿se puede poner el Coronel Grande?”
--“¿De parte de quién?”
--“Del Coronel Pequeño”
Silencio. Tras una pausa se oye colgar el teléfono.
El Coronel Pequeño supone que es un problema de líneas y vuelve a marcar.
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“Por favor, quisiera hablar con el Coronel Grande”
--“¿De parte de quién?”
--“Coronel Pequeño”.
Nuevo silencio… y cuelgue de teléfono.
Nueva llamada, y esta vez con la voz alterada por el cabreo suponiendo lo que ocurría, cambia la táctica:
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“No me cuelgue, ¿sabe usted con quién está hablando?”
--“¿Usted sabe con quién está hablando?”
El Coronel, confundido por tan inesperada contestación, responde:
--“No señor ¡ya me gustaría saberlo!”
--“Pues menos mal”
Y volvió a colgar.
Ante semejante situación no le quedó más remedio que acudir al despacho del Coronel Grande, donde le refirió a su compañero lo ocurrido en tono jocoso expresándole su curiosidad por conocer al ingenioso sujeto.
Como quiera que en el Ejército todos los mandos portan una galleta con su nombre en el uniforme, cuando el telefonista vio que se dirigían dos coroneles hacia él y pudo leer el nombre del que no era su jefe, se apresuró a excusarse:
--“Disculpe mi Coronel, creí que se trataba de una broma y por eso no le pasé la llamada”
--“De acuerdo, pero en lo sucesivo no me vuelva a colgar si no quiere que ordene que le cuelguen pero por el cuello, que es lo que me pedía el cuerpo antes de venir aquí”
Indudablemente se trataba de un soldado que no tenía su residencia en Madrid ya que de ser así estaría familiarizado con este apellido, ya que en esa época los “Almacenes Bobo y Pequeño” de la calle Atocha eran tan conocidos como “El Corte Inglés”, “Galerías Preciados” o “Simago”.

Otra circunstancia curiosa de los motes es el arraigo.

Cuando los motes están muy arraigados, como en el caso de “El Gran Wyoming”, la gente llega a olvidar su verdadero nombre: José Miguel Monzón. Estoy seguro de que muchos de ustedes lo ignoraban, o si alguien se refiriera a él por su nombre no lo identificarían. Últimamente ha perdido lo del Gran y le llaman simplemente Wyoming, y al paso que va comenzarán por llamarle Wy, y con el tiempo acabará en simplemente “Wc” que es como se designa a los retretes.
Esta característica de los motes nos lleva a situaciones curiosas como la de un amigo mío Comandante de Iberia: “El Yogui”. El mote parecía proceder de su aspecto físico, sumamente delgado, calvo y con una poblada barba blanca, que nos recuerda a un indio practicante del yoga, cuando en realidad su alias procede de su asombrosa capacidad para imitar todo tipo de sonidos y voces, entre ellas las del oso Yogui, auténtico origen de su apodo. Tan acendrado está su sobrenombre que cuando las azafatas se dirigían al pasaje en su mensaje de bienvenida, al no recordar su nombre y tras una corta pausa, lo hacían de este modo:
“Buenos días señores pasajeros, bienvenidos a bordo; en nombre del Comandante…”Yogui” y de toda su tripulación….”.
Francisco Javier Fuentes, así se llama “El Yogui”, lo tenía asumido perfectamente: no atiende por Javier y si le preguntáramos a muchos de sus amigos por su verdadero nombre no sabrían responder.

Mi buen amigo Elías Moro en tiempos de Aviaco hacía el trayecto entre Málaga y Melilla. Era anunciado por la sobrecargo en los siguientes términos:
“Buenas tardes señores pasajeros, en nombre del Comandante Moro y su tripulación les damos la bienvenida a este vuelo de la compañía Aviaco con destino a Melilla”
El anuncio no dejaba de despertar cierta expectación entre el paisaje, que no entendía por qué se referían al Comandante por su origen y no por su nombre. Algunos creian que era una política de imagen de la compañía al incluir a pilotos marroquís en la operación dado que parte del pasaje eran de esa nacionalidad.
En alguno ocasión algún pasajero llegó a solicitar la carta de reclamaciones por considerar ignominioso el término "moro". Había que recurrir al Comandante para deshacer el equívoco, el cual con su sola presencia: rubio, ojos azules y acento asturiano, mostraba claramente su procedencia y aclaraba inmediatamente el malentendido.

Había un Coronel de Aviación, del cual no recuerdo el nombre, conocido como “El Lechecitas”. Desconozco si por su buena o mala leche.
Habían contraído matrimonio discretamente y tras la luna de miel los amigos decidieron hacerles una fiesta.
El anfitrión dijo: “Recibamos con un aplauso a nuestros homenajeados: “El Lechecitas” y su esposa Blanca… "Lechecitas”.
Ante el jolgorio la mujer se quedó tan estupefacta con la presentación que no estaba segura de si a continuación iban a colmarla de besos y abrazos o iban a embotellarla.

Por último contaré la historia de “El Gayo”.
Teníamos un compañero en Aviación procedente de uno de esos pueblos de la España profunda. Su aspecto físico, indumentaria, comportamiento y acento no dejaban duda de que te encontrabas ante lo que se llama un auténtico paleto; no es de extrañar que se le conociera como “El Cateto”.
Como ya he dicho soy un estudioso de los motes y me pareció que se habían quedado cortos y lo rebauticé como “El Hipotenusa”: la suma de los cuadrados de los catetos.
“El Hipotenusa” estaba encantado con su nuevo mote que le daba cierto toque intelectual.
Por aquel entonces en el Ejército del Aire vestíamos un mono naranja y ver a “El Hipotenusa” con el traje de vuelo, sus orejas de soplillo a modo de asas, y la cresta negra de su cabeza... te recordaban irremediablemente a una bombona de butano.
Con el tiempo fue mejorando su imagen. Llego, incluso, a utilizar la cirugía estética para plegar sus orejas. No tocó su nariz, prominente y aguileña, de la cual se sentía especialmente orgulloso.
Cuando abandonamos el Ejército, mientras hacíamos el curso para incorporarnos a las Líneas Aéreas, vino un día un tanto compungido:
“Quillo, estoy pensando que cuando empecemos a volar con azafatas, me van a preguntar que por qué me llaman "El Hipotenusa", y como me da corte decirles la verdad, se me ha ocurrido contestar que es porque era hipotenso, así que corre la voz para que nadie meta la pata”.
“Hombre –le respondí- como salida no está mal pero va ser peor el remedio que la enfermedad ya que no creo que les inspire mucha confianza volar con un piloto hipotenso expuesto a que le de un desmayo en cualquier momento, así que ya buscaremos otra solución”.
Recordándole con el mono naranja y ahora vestido de azul, me vino a la memoria, el nombre de un ave que en su día me llamó la atención, con el plumaje de estos mismos colores, y que además le venía al pelo puesto que su nombre en latín es Garrulus glandarius, conocida vulgarmente como Arrendajo o Gayo.
Así pues escogí el nombre de “El Gayo” por parecerme que fonéticamente sonaba como “Gallo”, daba más empaque a su persona y, por otra parte, despertaría mayor curiosidad entre las chicas.
Cuando le hice la propuesta del cambio de mote explicándole mis razones, tras descartar su verdadero nombre que era Eufemiano, que sonaba a feo, aceptó de buen grado el nuevo apodo. A partir de aquel momento fue conocido como “El Gayo”.
Un día nos invitó a visitar su aldea, donde llegamos en su lujoso coche para impresionar a sus paisanos, al entrar en el bar uno de los parroquianos al oir que nos referíamos a él como “El Gayo” vino hacia nosotros:
--“¿Tú no eres “El Eufe”?
--Si, le respondió el aludido.
--“¿A que viene tanto “Gayo” pa aquí y pa allá?
--“Ahora me llaman así”
--“Pues no se por qué. Con tanto perifollo de maricón más bien pareces una gallina”
--“¿Maricón yo? Tráeme a tu hermana y te lo demuestro”.
--“A ver si es verdad: ¡Adefesio, ven pa cá que quieren conocerte!”

No había la menor duda del por qué de su nombre, era lo más horroroso que alguien pueda imaginarse: el antídoto de la lujuria.

--“¿No tienes otra hermana?”.
--“No señor”.

“El Gayo” emprendió una discreta retirada

--“¿Ves como eres un maricón?”.
Después de aquel incidente decidimos retirarle la “ o”, que caracteriza a las terminaciones masculinas, por lo que “El Gayo” pasó a ser “El Gay”.

Días después al preguntarle como llevaba su nueva sexualidad respondió:
--“Sin lugar a dudas supone dar un paso atrás. Mejor dicho: 58 pasos atrás”
--“¿58?”
--Un simple problema matemático: antes practicaba al 69 y ahora el 11”
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