EL HERMANO DEL MEDIO

Categoría: Familiar
Enviado: 2014-10-15 10:08

Enviado: 2011-06-27
http://jimenezcordoba.com//upload/Hermanos.jpg
Se ha hablado mucho sobre las familias numerosas y los hijos únicos, de los primogénitos y el menor de los hermanos, pero muy poco del hermano del medio y como yo me encuentro entre estos últimos, os quiero relatar mi experiencia.
Soy el cuarto de siete hermanos , cuatro chicas y tres chicos, de una familia de clase media. Sus nombres en orden cronológico son : Chiqui, Charo, Paco, Juan- el que suscribe-, Maricarmen, Maribel y Araceli, con una diferencia de edad de dos años entre los cinco primeros, hasta que mi padre se enteró de lo que era el barbecho y a partir de ahí sembraron cada cinco años.
Hijos de militar, la nuestra era una familia jerarquizada, es decir, mi padre mandaba a mi madre, mi madre me mandaba a mi, yo mandaba a mi hermana y todos mandaban allí, menos Araceli, que como no teníamos ni gato ni perro que ladrase , no tenía a quien mandar, ya que en aquella época no existía ni siquiera el “mando de la tele” que podría haber mitigado su frustración.
La primera vez que tuve conciencia de lo que suponía ser el hermano del medio fue con motivo de las celebraciones conocidas como BBC: Bodas, Bautizos y Comuniones.
http://jimenezcordoba.com//upload/Maricarmen.jpg
En estos casos siguiendo la tradición militar , mi padre nombraba una comisión de servicio en representación de la tropa, ya que no era cuestión de presentarse con toda la patulea.
Cuando vi que a las bodas les acompañaban mis hermanos mayores pensé, aplicando la lógica, que a los bautizos los acompañarían mis hermanas pequeñas y yo iría a las comuniones. Pues no: a las comuniones los acompañaban los coetáneos de los que recibían la primera comunión y como a mis coetáneos les dio a todos por celebrarla el mismo día de mi fiesta, me quedé sin asistir a cualquiera de estos eventos que no fueran del ámbito estrictamente familiar. Así pues, a la primera boda que asistí fue a la de mi hermana Charo, y el primer bautizo del que tengo memoria fue el de mi hermana Maribel.
A las comuniones llegué a cogerles manía: veía como a los que lo celebraban les colmaban de regalos, y eso para un niño es muy duro, pues ya se sabe lo crueles que pueden llegar a ser los críos. Les faltaba tiempo para restregarme sus regalos por la cara. Claro que yo hice lo mismo un 28 de Mayo de 1958, que fue cuando me tocó vestirme de marinero. A la postre no me compensó tener un día de gloria frente a los seis restregones de mis hermanos. Pero lo peor estaba por venir.
Hasta la primera comunión , todo iba más o menos bien, pero a partir de los 8 años llegó la etapa de las “herencias.”
Recuerdo, que en cuanto llegaban las rebajas, nos dejaban a mi hermano Paco y a mi de guardia en casa, y se marchaban con el resto de la tropa a los grandes almacenes de donde regresaban cargados de paquetes.
Relamiéndonos de gusto por la curiosidad, Paco y yo les hacíamos siempre la misma pregunta: “¿qué nos habéis comprado?” y obteníamos la misma respuesta:” a vosotros nada porque estáis creciendo”.
¿ Creciendo?...y los demás ¿no crecían?. Me entraban ganas de plantarme y no crecer más. En este momento era cuanto más lamentaba que mis padres no hubieran descubierto antes el barbecho y que la diferencia de edad con mi hermano Paco no hubiera permitido las herencias, aunque vete tú a saber si dada la economía de guerra, me hubieran guardado la ropa de mi hermano hasta que pudiera usarla, todo pasado completamente de moda: mis hermanos con pantalones campana y yo con bombachos.
Pero no acababan ahí mis males.
A medida que Chiqui iba creciendo le compraban ropa nueva, con lo cual Paco que era su heredero natural podríamos decir que iba de reestreno, pero cuando me llegaba a mi ya era de tercera mano. Así recuerdo, que un día que heredé unos pantalones, me fui a jugar con mis amigos y al deslizarme por un tobogán me quedé con el trasero prácticamente al aire. Cuando mi madre fue el desaguisado su reacción fue tajante: “¡ Desde luego eres un desastre, unos pantalones que a tus hermanos les han durado cuatro años, llegas tú y al primer día te los cargas!; ¿ves como no se te puede comprar ropa”?.
No me atreví siquiera a contestarle que estaban pasados y di por bueno el chorreo con la esperanza de que no tendrían más remedio que comprarme unos nuevos. Mis ilusiones se verían truncadas al día siguiente, cuando vi a la modista que venía a casa ,cosiendo una pieza de cuero :¡ culeras!. El mismo remedio que servía también para los jerséis : ¡coderas!.
Por fin , con motivo de la comunión de mi hermana Maricarmen, conseguí estrenar otra cosa que no fuera ropa interior y las blusas llamadas mambo que nos hacía la modista . Recuerdo que eran unos pantalones grises cortos, una chaqueta a rayas de varios colores, con una camisa blanca y una corbata de las que tenían el nudo hecho y se sujetaban con una gomilla, todo ello comprado en Cortefiel. Yo me sentía como el mismísimo Petronio, y mientras vestían a mis hermanas pequeñas no dejaba de pasearme por la casa luciendo el modelito.
Mis abuelos maternos acababan de llegar desde Lucena (Córdoba) para acudir al evento, y cuando me presenté a mi abuelo para recibir su visto bueno, me recibió con una amplia sonrisa y me dijo : “ Pero niño, donde vas con esa chaqueta que tiene más rayas que una libreta”, a la que siguió un gran carcajada para celebrar su ocurrencia. ¡Me hundió!, no solo por el comentario sino porque contagió su hilaridad a todos los presentes, y a mi hermano Paco le faltó tiempo para contárselo a sus amigos, los cuales cada vez que me veían con ella, pues pasó a ser la chaqueta de los domingos, me recibían con el estribillo de mi abuelo, con el consiguiente cabreo por mi parte.
A pesar de todo no consiguieron que me deshiciera de ella, entre otras cosas porque no tenía otra, y a mi me encantaba al igual que a las niñas con las que empezaba a coquetear, y en especial a Clarita.
Vencida la batalla del estreno, comenzó la guerra de los pantalones largos. Por aquella época la puesta de largo para un niño era cuando se ponía por primera vez unos pantalones largos y valga la redundancia. A partir de ese momento dejabas de ser un niño y te consideraban como un jovencito, lo cual entre las niñas tenía una especial relevancia pues ya te miraban de otra manera y te tenían en consideración.
Puse todo mi afán en desprenderme de los pantalones cortos. Fue tal mi constancia en el empeño que conseguí que me compraran unos pantalones de pana marrón, tiesos como el esparto, que al caminar se podía oír el roce de un pernil con el otro hasta que te acostumbrabas a la musiquilla como te haces al ruido de las olas del mar. Al quitártelos no hacía falta que los colgaras pues prácticamente se podían mantener de pie de lo tiesos que estaban. No obstante te guarecían del frío y desde entonces mantengo un idilio con la pana que jamás ha dejado de estar presente en mi vestuario, incluso en las camisas.
Al llegar a 4º de bachillerato, mi padre me ofreció dos opciones :continuar en el Colegio del Pilar de Reyes Magos, donde tenía una beca, o hacerlo interno en el Patronato Militar de Ronda.
La idea de irme interno no me seducía demasiado, aunque por otra parte el hecho de que el colegio se encontrara en Ronda, ciudad en la que nací pero que no conocía puesto que a los pocos meses destinaron a mi padre a Madrid. Sin embargo, yo creo que lo que me decidió fue el enterarme de que para ir a Ronda necesitaba un equipo completo de ropa, para cumplir con la uniformidad y aunque últimamente las “herencias” habían disminuido, el sacudirme esa lacra para siempre cobró peso en mi decisión, de la cual he de decir que jamás me arrepentí, pues fue allí donde pasé cuatro de los mejores años de mi vida, hasta completar mis estudios de Preuniversitario, y de esa época conservo excelentes amigos.
Desde entonces no he dejado de vestir uniformes, primero en Ronda luego en el CHOE (Colegio de Huérfanos de Oficiales del Ejército) donde hice mi preparación para el ingreso en la Academia General del Aire, y tras mi paso por el Ejército, en las Compañías Aéreas de Aviaco e Iberia como piloto.
Creo que mi afición por la ropa proviene de aquellas carencias, pero sobre todo y desgraciadamente, porque he dejado de crecer.
Ahora me encantan los pantalones cortos, los jerséis con coderas, odio las chaquetas de rayas, y de vez en cuando les regalo a mis hermanos alguna prenda que les guste en correspondencia por la herencia que recibí de ellos.
A muchos les podrá parecer exagerada mi experiencia, pero cuando en el curso de aptitud para el ascenso a Comandante del Ejército del Aire, les di una charla a mis compañeros sobre este mismo tema, muchos se sintieron perfectamente identificados conmigo.
Permalink Comentarios (46)

LA ABUELA MARIA

Categoría: Familiar
Enviado: 2014-10-15 09:52

Enviado: 2009-06-24
http://jimenezcordoba.com//upload/Maria.jpg
La abuela María es mi madre, matriarca de los Jiménez Córdoba, en ausencia del abuelo Antonio.
Muchas son las alabanzas que se han vertido sobre mi padre, y con razón, pero a veces nos hemos olvidamos de que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, y es cierto que muchos de los atributos que se han vertido sobre mi padre, han sido gracias a que han sido respaldados por mi madre.
Ella ha sido la que controlaba la economía de la familia, haciendo filigranas en las épocas difíciles, que ya quisiera Zapatero encontrar a una persona actualmente con esta capacidad para resolver sus problemas, secundaba con mayor o menor entusiasmo las “felices ideas” de mi padre, como meter a dormir en casa a varias personas, cuando teníamos las camas justas, o acoger en casa a cualquiera que se presentara en casa solicitando “posada para el peregrino”, sabiendo que alguno de esos peregrinos pretendían empadronarse por los siglos de los siglos.
Compartió con la Chacha Rosa los deberes de madre, y digo esto no en detrimento de sus obligaciones, sino en justo merecimiento a mi tía Rosa, hermana de mi padre que convivió con nosotros, y de la que tendréis noticias en otro momento de inspiración, y ahora, al cabo de los años, hay que reconocerle a mi madre, que lo que nos pareció en un primer momento comodidad por parte de ella no deja de ser un momento de generosidad, al permitir que alguien ajena a su propia familia asumiera funciones que sólo a una madre le correspondían.
Mi madre, la abuela María, es la única que conoce perfectamente el día de los cumpleaños de todos los miembros de la familia, nos mantiene a todos unidos a través de su “boletín de noticias” que ella misma ha editado por medio del teléfono, llamándonos a unos y otros, y comunicándonos las nuevas que se han producido en nuestro entorno.
Cuantas veces nos ha solucionado un problema al advertirnos de que era el santo o el cumpleaños de alguno, que para nosotros había pasado desapercibido.
Tratamos de mantenerla al margen de nuestros problemas, pero si quieres saber algo de los problemas de los demás , pregúntaselo a la abuela María que es la que lo sabe todo.
Es cierto que como todo ser humano, tiene sus virtudes y sus defectos, y que la prudencia, no es una de sus virtudes, pero no estamos hablando de la Virgen María sino de la abuela María, que no concibió a sus hijos por la mediación del Espíritu Santo, aunque yo tenga alas, pero ninguno con plumas, creo que ya es hora de reivindicar la imagen de la abuela, cuando toda su dedicación es saber como nos encontramos, la imagen de generosidad que demostró a la hora de compartir en vida la herencia del abuelo, y el gesto amable acompañado de una sonrisa cuando se dirige a nosotros.
En este sentido os quiero transmitir una anécdota del último cumpleaños de la abuela, celebrado en casa de Charo, que me contó Concha, sin espíritu crítico, pero con su percepción periodística.
Al llegar a casa de Charo, todos nos dirigíamos al sillón de la abuela, la felicitábamos y acto seguido saludábamos al resto de los asistentes.
Nadie se quedaba a su lado, hasta que Concha percibiendo su soledad se sentó con ella, y mientras los demás andábamos bebiendo y conversando unos con otros, la abuela María comentó con Concha: “Fíjate, y luego dicen que vienen a verme a mi”.
Cuando me comentó esta anécdota, recordé el día en que esparcimos las cenizas del abuelo por el pinar de Navalperal, detrás de la casa de Charo, donde todo el mundo se precipitó para coger un puñado de cenizas, y cuando me di cuenta , me encontré a mamá sola, llorando desconsoladamente, sin nadie a su lado, porque todos habíamos olvidado que era su viuda, y tenía que haber sido la primera en esparcir esas cenizas, y nadie se percató de su presencia. No lloraba por su falta de protagonismo, lloraba por su soledad, y porque nadie se había dado cuenta, y yo, os lo confieso ahora, sentí vergüenza por no haberlo previsto.
Creo que ese día, se ganó el perdón de todos los errores que pudiera haber cometido, y si esa fue su penitencia , vive Dios, a juzgar por su semblante, que la pagó con creces.
La ingratitud de los hijos hacia los padres, es algo que tenemos asumido, por cuanto nosotros somos protagonistas de ello, y por tanto no debemos extrañarnos de que el comportamiento de nuestros hijos sea similar. Parece ser algo natural, pero en nuestras manos está el cambiar ese comportamiento, no sólo por egoísmo, sino para que nuestros hijos no sufran esa indiferencia, y si reaccionamos a tiempo, tampoco la sufran nuestros padres.
Es hora de perdonar y reflexionar, y lo que es más importante, de demostrar el cariño a las personas que nos dieron el ser.
Mamá, desde aquí quiero expresarte mi cariño, por tus desvelos cuando pasa un tiempo sin tener noticias nuestras, por esas llamadas telefónicas para interesarte por nosotros y a la vez para informarnos del transcurrir de la vida familiar, el calor de tus mensajes, y la afabilidad con que nos recibes, siempre acompañada de una sonrisa, aunque tu estado de ánimo te exija lo contrario. Te preocupas de que no nos preocupemos por ti, aunque quiero que sepas que nosotros lo hacemos a nuestra manera, abusando quizás de que al saber que estás con Charo, sabemos que estás en buenas manos, y tampoco somos lo suficientemente agradecidos con nuestra hermana, pero bueno, con todos nuestros defectos, creo que seguimos siendo una familia ejemplar, y que tanto Tú como Papá, os podéis sentir orgullosos de vuestra “prole”, y ¡ojalá!, la nuestra pueda decir lo mismo de nosotros.
Un millón de besos: Juan
Permalink Comentarios (26)

YyY (Yaiza y Yo)

Categoría: Familiar
Enviado: 2014-10-15 09:45

Enviado: 2009-05-28

La palabra abuelo o abuela, siempre nos ha merecido respeto, ternura, cariño, siempre que no se refiriera a nosotros, pero cuando somos los protagonistas del evento tratamos de eludir tal denominación, camuflándolo con términos como yayo, belola, abu, grand fha que dirían los americanos, o cualquier otra palabra que no nos identifique con nuestra generación.
Requiere un tiempo asimilar el status y durante ese tiempo nos machacamos la cabeza en pensar en el apelativo con el que nos gustaría que se refirieran a nosotros nuestros nietos, empezando por nuestro nombre de pila, algo que no les permitiríamos a nuestros legítimos hijos, nuestro mote, que queda para la familia o amigos, o alguna cursilería que se nos ocurra para paliar el tiempo que necesitamos para convencernos de que ya no somos tan jóvenes, de que los jóvenes son nuestros hijos, y de que los verdaderamente jóvenes son nuestros nietos, y por tanto hay que aceptar la palabra abuelo con todos los honores, y con las connotaciones que ella conlleva y a las que aludía en el primer párrafo.
Una vez aceptado esto, confieso que sí: soy abuelo. Tengo una nieta preciosa que se llama Yaiza -como podéis comprobar en la foto-, que estoy esperando la llegada de otra, que si Dios quiere se llamará Alba, y quiero comunicaros que estoy muy orgulloso de ello, y de que no os preocupéis por si se me cae la baba, porque tengo más baba, es más , diría que tengo una fábrica de babas para prevenir lo que venga.
¿Y sabéis por qué he aceptado de tan buen grado la palabra abuelo?
Porque así es como nos referíamos últimamente a mi padre, y ahora me siento heredero del cariño y afecto que le profesaron cuantos le conocieron, haciendo de la palabra Abuelo un título y un honor.
Yaiza, bendita seas por hacer de mi un Abuelo.
Permalink Comentarios (65)
Powered by sBLOG XHTML 1.0 Strict PHP CSS
Hora local: 2017-09-19 14:18 GMT
Version 0.7.3 Beta (Build 20060309)
Powered by sBLOG © 2005 Servous